Viaje a ninguna parte IX (Piornedo)

19 octubre, 2018

Os Ancares, hasta ahora no había visitado esta zona, no por nada especial, sencillamente no se había dado, en distintos viajes al norte, Asturias o Galicia al pasar por la A6 se pueden observar las indicaciones a visitar Os Ancares el cual es el mayor espacio natural de Galicia, reserva de la Biosfera y el último reducto de la presencia del oso pardo en tierras gallegas, dicen que es un territorio salvaje y fascinante, habitado desde tiempos prehistóricos pero aislado e inaccesible hasta hace muy poco, Os Ancares lucenses lo forman pequeños valles con sus pueblos y aldeas encajados entre picos de 2000 m altura.

Así que a puse dirección Navia de Suarna sin saber muy bien dónde me metía, llegamos de noche y había que buscar un lugar dónde dormir con la furgoneta, pasamos por carreteras estrechas de montaña con una vegetación cerrada, no veía ningún lugar, así que después de un buen rato pare al margen de la carreteras, bajamos, se veía tampoco que al andar unos metros y pisar asfalto pensé que era otra carretera distinta, la desorientación me desubico un poco así que volvimos a la furgo, cenamos un poco y nos pusimos a dormir,

Algunas luces nos despertaron, vehículos que trasladaban a los lugareños a su lugar de trabajo iluminaban la furgoneta, así que sin pensarlo más y recogiendo un poco pusimos rumbo a Piornedo, carretera de montaña en todo momento, niebla y lluvia no hacían un trayecto relajante aun así iba escuchando Into the Wild el primer álbum de Eddie Vedder y banda sonora de la película hacia rutas salvajes. En abril de 1992, Chris McCandless, de veinticuatro años, se internó, solo y apenas equipado, por tierras de Alaska Había regalado todo su dinero y abandonado su coche, y soñaba con una vida en estado salvaje. Cuatro meses más tarde, unos cazadores encontraron su cuerpo sin vida. Su historia, difundida en un reportaje de Jon Krakauer, suscitó una agitada polémica: para unos, era un intrépido idealista; para otros, un loco y un ingenuo sin el menor conocimiento de la naturaleza. Antes de desaparecer, Chris McCandless escribió a un amigo: “No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada ¿No necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Está ahí fuera, sencillamente.”

No era mi intención ser ni hacer nada parecido, pero si coincido en la filosofía de vida que por lo menos a mi me transmite…

 

 

Llegamos a Piornedo pronto, aparcamos en el hotel que hay antes del pueblo y nos pusimos a caminar, nos saludó una mujer con sus perros, nos contó un poco su vida a la vez que llenaba una garrafa con agua de la fuente, según ella, “agua mágica”. Las pallozas se alternaban con construcciones modernas, el pueblo esta en ligera pendiente y tomamos la calle que nos pareció más principal, otra mujer nos saludó, algún perro nos seguía ladrando, seguimos hacia arriba, desde abajo alguien nos saludó, cuándo mire de nuevo, Amable ya estaba a nuestro lado, le salude que tal? Con mucha soledad!!! Me contestó, con toda naturalidad seguí caminando, la nueva compañía a nuestro lado.

No tenía ninguna idea fija, hice alguna foto, Amable me dijo que si había estado ya en la iglesia, que había unas vistas del pueblo de piornedo a la que podía fotografiar, sin afirmación ninguna por mi parte continuamos,  ahí estaba la Capilla de San Lorenzo. desde ella se inicia la ruta que sube al Pico Mustallar., me sugirió, Amable, que hoy no era buen día para subir al Mustallar,  estaría todo muy embarrado  y que si quería me podía enseñar, más bien acompañar hasta ver los robles centenarios.

La ropa que llevas es impermeable? Pregunto, bueno un poco sí, dije. Vamos.

La pista poco rodada estaba llena de maleza, al poco estábamos empapados,  era humedad, pero te calaba, menos mal que no sentíamos el frío,  íbamos bien abrigados. Charlábamos sobre la vida, como había vuelto a la casa familiar en Piornedo, de su “soledad” También me comento que a las dos mujeres que había saludado eran sus hermanas y el dueño del hotel en dónde había aparcado también era hermano suyo.

Dejamos la pista y nos metimos en el bosque, un robledal muy cerrado, casi sin luz, muy húmedo, pero mágico, estaba disfrutando de la caminata y la charla se convirtió en amena, fluida y de confianza, el me indicaba distintas especies de plantas, no en vano trabajó de agente forestal hace tiempo y se veía que le gustaba. El Roble estaba delante de nosotros pero no lo hubiese visto, era impresionante, por lo menos tenía diez metros de diámetro, fuerte y robusto, después vimos otro, aún quedaba ver un tercero, pero no lo encontraba, sí el que es de aquí no veía el camino hacía el roble yo jamás hubiese encontrado ni tan siquiera el primero.

Ahí estaba, imponente dentro del robledal, su presencia transmitía fortaleza, hablamos sobre el bosque, sus paseos diarios y su vida. Me llevo hasta una piedra despejada arriba en el monte, pudimos ver las montañas de Os Ancares, la brutalidad de su naturaleza, el aislamiento, pero de una belleza única.

Bajamos hasta la pista de nuevo y me dijo sí quería ver sus colmenas, había que rodear un poco, yo encantado acepte su invitación, era una maravilla caminar junto a él, me sentía privilegiado, llegamos a la carretera que sube al puerto de los ancares, había un banco y nos sentamos, el sol calentaba un poco,  lo agradecíamos, había una campa de hierba enfrente, un lugar perfecto para acampar.

Vimos la colmena y continuamos dirección al pueblo, ya en Piornedo pasamos por su casa, me abrió la palloza para que pudiera contemplar cómo es por dentro, inmensa!!! Me dijo que sí quería podía quedarme a dormir en ella, pues para la tarde daban lluvia, se lo agradecí pero comenté que prefería estar en la campa, dónde el banco, en el límite de Piornedo. En tierra de nadie me dijo.

Luego iría a verme, pues por lo visto era un lugar al que frecuentaba casi a diario. Hice arroz con atún, calenté agua para el mate, organice la furgoneta y me senté en el banco, la tierra de nadie me gustaba, a la izquierda Lugo, a la derecha León, Galicia por un lado y Castilla y León por otro, yo en el medio contemplando Os Ancares, inmensos, preciosos y aislados. Las nubes empezaron a adueñarse de los montes, dude, pero creo que, por fin, había llegado a ninguna parte, era hora de volver.

 

Es un misterio para mí
Tenemos una codicia con la que estamos de acuerdo
Y crees que tienes que tener más de lo que necesitas
Hasta que no lo tengas todo no serás libre.

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