Viaje a ninguna parte VIII (El Cántabrico)

17 octubre, 2018

«O Fuciño do Porco», Cuentan que es conocido con este nombre por la forma que lo ven los marineros que lo avistan desde el mar, es un pequeño saliente costero entre las playas de Abrela y San Román.

 Nos dirigimos desde la playa de Abrela, hasta el aparcamiento, el cual está ubicado en la carretera de la costa (LU-862) que comunica O Vicedo y Viveiro. En la localidad de O Folgueiro hay un desvío debidamente señalizado para llegar a Fuciño do Porco. Una vez aparcado el auto tomamos  la pista forestal de 1,3 km de recorrido, a través de esta pista y caminando entre eucaliptos llegamos al sendero de 400 m de pasarela entre acantilados, el cual se hizo para el mantenimiento de una pequeña baliza marítima que marca el extremo occidental de la ría de Viveiro.

Aunque los eucaliptos no son del agrado de naturistas, en este caso, el paseo se hace agradable, no hay nadie ya que es pronto y día laboral, aún así coincidimos con dos mujeres paseando con los perros, es curioso, pero es fácil encontrarse con lugareños donde menos te lo esperas y en sendas o caminos forestales que, en principio, parecen aislados, después de una pequeña charla continuamos el camino.

El paisaje se despeja y nos deja observar el inmenso Mar Cantábrico en todo su esplendor, los pequeños acantilados que forma la costa en la ensenada da Pereira. Las vistas desde luego son espectaculares y a medida que avanzamos todavía más. Seguimos a pie hasta la baliza ubicada en su extremo norte, una de las que señalan a los marineros la entrada a la ría de Viveiro. Vamos zigzagueando entre los acantilados, por pasarelas de madera, contemplando unas magníficas vistas de la ría y de la costa lucense.  Parece ser que hasta hace poco esta ruta era relativamente desconocida, pero desde hace unos meses se ha hecho más popular  a través de las  redes sociales y en verano o fines de semana está más concurrido, de hecho al volver coincidimos con un grupo del IMSERSO que también hacían la ruta.

Ya en la furgo y estando cerca de Ortigueira tengo claro dónde ir,  a la Praia Do Picón, para mí es uno de esos lugares especiales, mágicos y que me transmiten energía,  voy escuchando el disco Misplaced Childhood, álbum de estudio de la banda inglesa de rock Marillion, publicado en junio de 1985 fue por el que conocí al grupo y reconozco que me encanta.

El mirador está ubicado en un lugar privilegiado, una pequeña pradera verde sobre un acantilado, hay dos mesas con bancos de madera, un muro de piedra que protege de la caída y a un lado la escalera de bajada a la playa. El ruido del Cantábrico es lo primero que te recibe, un oleaje fuerte y unas vistas infinitas me dan una tranquilidad y armonía con la que me siento profundamente  inspirado.

Tuly se revuelca en la hierba, yo preparo mate… me dejo llevar, no sé si pienso en algo, quiero hacer fotos, pero sin prisas, busco a Tuly y no le veo, el lugar no da para esconderse, miro para la playa, esta abajo, en la arena, bueno en la poca que hay esta mañana, el mar bravo produce un oleaje muy fuerte y  reduce la arena de la playa a casi nada, le llamo, me pongo algo nervioso, no me oye, sin pensarlo empiezo a bajar las escaleras rápidamente, llegando a un tramo esta ha desaparecido, la fuerza del viento se la ha llevado, no puedo continuar  más, le llamo, esta vez me oye y me hace caso, sube hacía mí salvando la zona que no tiene escalera, le abrazo y volvemos al mirador.

Hago algunas fotos, termino el mate y me planteo que ruta hacer, creo que el viaje ya tiene un recorrido más que aceptable, llegar hasta aquí me reconforta, si fuera este viaje un libro tendría su final ahora, pero aún tengo días por delante y ganas de seguir, creo que vamos a ir a las Fragas do Eume.

Sin prisas volvemos a la carretera, paso de largo por Ortigueira y tomo dirección As Pontes, paro en un supermercado «Gladis» para  comprar algo de comida, también aprovecho y meto en la cesta crema de orujo y licor de hierbas , junto con el cabrales que compre en Cangas de Onis lo llevaré para casa.

La palabra fraga define en gallego a una extensión de monte en la que crece de manera espontánea una densa y variada vegetación. Los bosques de ribera que se extienden a ambas orillas del río Eume están considerados como uno de los mejores exponentes de bosque atlántico en España, tanto por su extensión como por la calidad de sus valores naturales; de ahí el gran valor y la singularidad del Parque Natural de las Fragas do Eume.

Tan sólo caminar por la carretera que va hasta el monasterio de Caaveiro es una preciosidad, vamos relajados no voy a estar nada más que un rato, pasar del mar a la montaña no me resulta fácil, necesito una poco de tiempo.

Aunque la idea era pasar un par de días aquí, con una previsión de tiempo mala y con aún algunas horas de luz montamos en la furgo y ponemos rumbo a la nacional 6.

El viaje continua…

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